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En México existen 26.7 millones de hogares.

México, Distrito Federal
Lunes 3 de Marzo de 2008.

En México existen actualmente 26.7 millones de hogares, los cuales albergan a 105.9 millones de personas (los restantes 503 mil habitantes residen en viviendas colectivas, como orfelinatos, asilos y prisiones); de esos hogares, 24.3 millones son familiares, es decir, que al menos dos de sus miembros tienen parentesco por consanguinidad o afinidad, mientras los otros 2.5 millones se forman de personas sin parentesco (corresidentes), o bien de individuos que viven solos (unipersonales), de acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional de Población (Conapo).

Entre los arreglos familiares, 18.2 millones son nucleares (compuestos de una pareja con o sin hijos, o bien, de uno de los padres con al menos un hijo) y 6.1 millones son extensos (formados por dos o más parientes, donde puede haber algún hogar nuclear o no). La inmensa mayoría de los hogares nucleares son dirigidos por un hombre (15.1 millones); sin embargo, entre los ampliados (5.8 millones), donde se añade un familiar emparentado con el o la jefe del hogar, es más común la jefatura femenina (1.9 millones).

La familia es una institución de gran trascendencia para el desarrollo y la calidad de vida de las personas. Las funciones básicas de las familias ligadas con la reproducción, el cuidado y crianza de los niños y el apoyo emocional gravitan enormemente en el desarrollo de las personas y sus efectos son profundos y persistentes a lo largo del curso de vida de las personas.

Además, en México, las familias asumen importantes tareas relacionadas con el bienestar económico y social de sus miembros que trascienden los ámbitos emocional y reproductivo. La familia es un espacio natural de cooperación y ayuda mutua; es un refugio que protege a sus miembros de las adversidades económicas; contribuye a reducir las incertidumbres asociadas con el tránsito de los jóvenes a la adultez, y cumple un papel sustantivo en la protección social de los adultos mayores en situación de dependencia. En otras palabras, estas prácticas indican que la solidaridad y la ayuda mutua son valores que están firmemente arraigados en la vida familiar de los individuos.

Los cambios en la estructura y dinámica de las familias y hogares han sido tan profundos como los acaecidos con la población en general. Los hogares en la actualidad son de menor tamaño (poco más de cuatro integrantes por hogar), el tiempo dedicado a la crianza y cuidado de la descendencia se ha reducido, el tiempo promedio que los individuos se desempeñan en roles familiares se ha extendido y el número de generaciones que conviven en el espacio de las relaciones familiares es hoy mayor que en el pasado. En este escenario de profundos cambios también hay aspectos de las relaciones familiares que se mantienen intactas, como el notorio predominio de los hogares de tipo familiar en la organización doméstica (92%).

Las transformaciones demográficas ocurridas en los últimos decenios, sin embargo, han modificado el contexto demográfico, social y económico en el que las familias se desenvuelven, imponiéndole límites a su capacidad para desempeñar estas funciones. La caída de la fecundidad (de 6.7 en 1970 a 2.1 en la actualidad) ha favorecido una sostenida disminución del tamaño de la descendencia y la prolongación de la esperanza de vida (de 60.6 en 1970 a 75.1 en la actualidad) ha hecho posible que en la actualidad convivan durante varios años tres generaciones o más bajo el mismo techo. Este simple cambio ha modificado el escenario en el cual se estructuran las relaciones de apoyo entre las generaciones.

El aumento de la proporción de jóvenes que prolongan su estancia en el hogar de origen es una de las consecuencias más notables de este proceso. El envejecimiento de las transiciones, sumado a otros cambios sociodemográficos, como la creciente presencia de adultos mayores en los hogares (24.6%), impone nuevos retos a la capacidad de los hogares para continuar prestando a sus miembros el apoyo, asistencia y cuidado que demandan.

En los últimos años se ha observado un aumento notable de los hogares monoparentales (9.2% en 2000 a 10.3% en 2005), especialmente aquellos encabezados por mujeres; la cohabitación ha perdido sus atributos tradicionales para convertirse en una opción de convivencia a la cual se recurre de manera más frecuente y, como resultado del aumento de los divorcios y separaciones, se ha observado un crecimiento importante de las familias reconstituidas.

La incorporación de la mujer al mundo del trabajo (13.7 millones de mujeres trabajadoras en 2000 a 16.2 millones actualmente) ha modificado profunda y permanentemente los cimientos sobre los cuales se organizaba la familia tradicional: la estricta división entre el hombre proveedor de ingresos y la mujer encargada de lo doméstico.

El ámbito familiar, no obstante las importantes transformaciones acaecidas, continúa siendo un espacio en donde se toman decisiones cruciales para el bienestar de sus miembros.

En un contexto en donde México se acerca al nivel de reemplazo es necesario garantizar que las preferencias reproductivas de los hombres y mujeres puedan concretarse plenamente y evitar que los condicionamientos sociales y económicos impidan a los individuos su realización personal en esta esfera. Las políticas sociales tienen una importante tarea que cumplir interviniendo en las esferas de la vida social que más decididamente afectan la vida familiar.

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