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¡Bájale el volumen a eso, que está muy fuerte!

Valle de México
Domingo 9 de Septiembre de 2007.

Al escuchar una melodía que nos agrada, ya sea porque nos evoca tiempos pasados o simplemente porque nos envuelve suavemente con sus notas, nuestro organismo está siendo estimulado de manera positiva.

La música suave, afirman muchos, ayuda también a estimular el sano crecimiento de las plantas. Sin embargo, el entrelazado y maravilloso sonido de la música puede transformarse negativamente y contribuir con un indeseable tipo de contaminación: la contaminación auditiva (o sonora) del ambiente.

Entonces, el aire no sólo esta contaminado por la polución emitida por fábricas y vehículos automotores, sino que también se ve afectado por la contaminación acústica, que altera las condiciones de sonido normales del medio ambiente en una determinada zona. Si bien el ruido no se acumula, traslada o mantiene en el tiempo como las otras contaminaciones, también puede causar grandes daños en la calidad de vida de las personas si no es controlado.

En este momento, conviene distinguir inicialmente dos conceptos: sonido y ruido. El sonido es el conjunto de vibraciones que pueden estimular el órgano del oído, mientras que el ruido es una perturbación periódica sonora compuesta por un conjunto de sonidos que tienen amplitud, frecuencia y fases variables y cuya mezcla suele provocar una sensación sonora desagradable al oído.

Los “ruidos” constituyen uno de los males característicos que ya forman parte de nuestra actividad cotidiana: las bocinas de los vehículos particulares o de transporte público, la construcción, los lugares de diversión y los sistemas electrónicos (altavoces y parlantes), las industrias, el tráfico aéreo y los aeropuertos ocasionan importantes efectos que deterioran el ambiente y alteran nuestras vidas.

La contaminación acústica, además de afectar al oído, puede provocar efectos psicológicos negativos y fisiopatológicos. Por supuesto, el ruido y sus efectos negativos no auditivos sobre el comportamiento y la salud mental y física dependen de las características personales; al parecer, el estrés generado por el ruido se modula en función de cada individuo y de cada situación.

Entre las principales afecciones no auditivas se encuentran:

· Afecciones en el riego cerebral.
· Alteraciones en la coordinación del sistema nervioso central.
· Alteraciones en el proceso digestivo.
· Cólicos y trastornos intestinales.

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[img align=left]https://www.zumpangolandia.com/uploads/img46e393c7e3c6e.jpg[/img]Como mencionamos anteriormente, un exceso de contaminación auditiva puede producir efectos nocivos sobre la salud de las personas, desde intranquilidad y disminución del potencial productivo, hasta pérdida de la capacidad auditiva y algunos problemas psicológicos agudos, por lo cual hay que otorgar a este problema la atención que realmente merece.

Existen diversas formas de controlar los niveles de ruido: el aislamiento, la distribución espacial de las instalaciones, la utilización de equipos de baja intensidad sonora, el uso de accesorios de protección auditiva, la promoción de programas de prevención acústica, higiene y seguridad industrial.

Sin embargo, nosotros mismos podemos asumir una actitud que evite la generación de contaminación sonora o auditiva, atenuando los ruidos inevitables y prescindiendo de los evitables. Por ejemplo, escuchar nuestra música favorita en niveles aceptables y sanos contribuirá positivamente en la solución del problema.

Recuerda que siempre es preferible escuchar los sonidos de la naturaleza y, para esto, debemos evitar la generación de ruido innecesario.

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