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Adios al Toreo de Cuatro Caminos; inicia su demolición.

Naucalpan, Estado de México
Sábado 6 de Septiembre de 2008.

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Ubicado en los límites del Estado de México y el Distrito Federal, el domo de acero cobijó luchas entre rudos y técnicos, se convirtió en casa de terror y fue recinto de conciertos, actos de campaña y partidistas.

Sin embargo, ni políticos, luchadores ni quienes gustan del miedo, lo extrañarán tanto como quienes aman la fiesta brava y aún recuerdan la corrida inaugural el 23 de noviembre de 1947. “Perder una plaza de toros es como perder la vida misma, es lamentable que vayan a tirarla, lamentable en doble medida porque no hay quien la defienda, no hay quien defienda la fiesta de los toros”, indicó Julio Téllez, productor de Toros y Toreros.

Con un gran pasado en la Colonia Condesa, el Toreo llegó a los Cuatro Caminos para admirar a las últimas grandes figuras de la fiesta brava nacional. Diez toreros recibieron el abrazo que les convirtió en matadores. Los carteles se llenaban de grandes nombres: Miguel Espinosa Armillita, Joselito Huerta, Manolo Martínez, Manuel Capetillo. El Toreo era tan importante para los matadores como la Scala de Milán para los cantantes de ópera. “(En el Toreo) un toro me pegó un revolcón muy fuerte y me dejó una cicatriz en la pierna, entonces es un recuerdo del Toreo de Cuatro Caminos”, recordó Jesús Solórzano, torero.

20 años de gloria tuvo el Toreo, después sombras y en los 90´s, un intento porque brillara la fiesta brava. “Me parece que la plaza estaba sombría, oscura, en penumbras, con goteras, había sido techada. La Plaza de Cuatro Caminos estuvo abierta durante muchísimo tiempo y de pronto le pusieron un techo que oscureció el desarrollo de una fiesta que siempre ha sido caracterizada por su luminosidad. Decía Juan Belmonte que: “a los toros con sol y moscas”, expresó Heriberto Murrieta, periodista taurino.

Nunca volvió a ser lo mismo. El Toreo no sobrevivió a la faena como tampoco lo han hecho, al menos otras dos plazas en el norte del país que en el último año han sido demolidas. “Las plazas más importantes del país terminan por quedar en los centros de la ciudad y son del apetito del desarrollo inmobiliario y desgraciadamente la cultura y la tradición cuentan poco”, comentó Gustavo de Alba, aficionado.

Aunque prevalece la tristeza en el ámbito taurino, lo que le sucede al Toreo de Cuatro Caminos, dicen historiadores, es una llamada de atención. “Hoy día es imposible, incluso, que la propia Plaza México se pueda llenar. Son entradas deplorables en donde domina el cemento y no la afición”, concluyó José Francisco Coello, historiador.

Así, el Toreo de Cuatro Caminos quedará sólo en la memoria.

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